El rock subterráneo según Roger Santiváñez

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El rock subterráneo según Roger Santiváñez

Mensaje por UnderRock el Lun 25 Mar 2013, 1:28 am


FUENTE:
http://informaciondirecta.wordpress.com/2011/02/24/testimonio-origenes-del-rock-subterraneo-del-peru/

Aqui un artículo escrito por Roger Santibáñez desde New Jersey...

TESTIMONIO: ORÍGENES DEL ROCK SUBTERRÁNEO DEL PERÚ



ESTA HISTORIA comienza en Lima a principios del verano de 1985. Son alrededor de las tres de la tarde cuando llego en mi datsun stanza a la jato de los hermanos Ricardo y Raúl Montañez en el Rímac. Todo está listo para irnos a un concierto que se realizaría en Ancón. Invitados por la Municipalidad estaban programadas –entre otras bandas- Kilowatt & la Kola Rok, Zcuela Cerrada y Excomulgados. Edgar Barraza, Kilowatt –a quien yo había conocido hacia 1982 en los días formativos del Movimiento kloaka- estaba esperando en “La Piedra” junto a la casa de los Montaña, con quienes lo unía una antigua amistad de barrio (todos ellos eran del rico Rímac) cimentada en largos años –prácticamente desde la niñez- de pasión radical por el rock and roll. Nos metimos todos en el auto y arrancamos hacia la panamericana norte. De pronto y ante la sorpresa general, Ricardo Montañez pone un cassette en el tocacintas. Y la bomba estalló en nuestros corazones: era la maqueta demo de Narcósis que acababa de salir. Increíblemente esta Primera Dósis –como después fue bautizada la obra- nos rompió el cerebro y nos dio en la yema del gusto: ésta era la música que estábamos aguardando.



PERO YA la subversión estaba en marcha desde –por lo menos- Julio de 1983 cuando se forma el trio original –Daniel F, Leo Escoria y Kimba Vilis- de Leuzemia la banda que originó el rock subterráneo del Perú. En efecto y gracias a una invitación de Kilowatt asistí a la Escuela Nacional de Bellas Artes de Lima –noviembre 1983- a un concierto donde tocaría Leuzemia, cosa que no llegó a suceder, al parecer debido a la agresiva pinta punk de la banda, que habría asustado a los organizadores. Aquella noche fue mi primer contacto con los tres leusémicos. Poco después, en mayo de 1984 se produce el concierto de la Concha Acústica del Parque Salazar de Miraflores, luego del cual se integra a Leuzemia la primera guitarra de Raúl Montañez, quedando así diseñada la formación clásica del grupo. En la segunda mitad de aquel memorable 1984 Lima quedó notificada de la existencia de una nueva banda Narcósis a través de sus tocadas en la discoteca Carnaby del pasaje Los Pinos en Miraflores. Ambas agrupaciones –más el conjunto de rock-fusión Delpueblo, aunque en dos fechas diferentes- protagonizaron los conciertos ‘Ataca Lima’ organizados por Alfredo Rossell y Franklyn Jáuregui –a la sazón editores de la revista Ave Rok- en La Taberna junto al restaurant La Palizada en la Av. Del Ejército, Santa Cruz, Miraflores. Los afiches del evento fueron creación de Leo Escoria, quien colocó junto a ‘Ataca Lima’ la mágica frase ‘Rock Subterráneo’cuyo impacto desataría la fiebre del nuevo rock peruano a partir de ese instante. Corrían entonces los días finales de noviembre de 1984.

DE MODO que la aparición de la maqueta de Narcosis –Fernando Cachorro Vial, Wicho García Hildebrandt y Pelo Parado Madueño- vino a configurar la primera obra compacta y estructurada, en los tiempos originales de la movida subte de Lima. Funcionó –sin duda- como un extraordinario catalizador para la producción de las nuevas bandas que ya estaban en las calles, principalmente Zcuela Cerrada,liderada por Edwin Nuñez, Guerrilla Urbana de José Eduardo Matute y Autopsia fundada por Silvio Ferrogiaro Espátula Venérea, Gonzalo Púa Farfán y Guillermo Figueroa.Fue así como –colectívamente- nació la idea de grabar una maqueta demo con estas tres bandas, más Leuzemia –en primer lugar por supuesto- debido a su rol fundador en toda la movida. Ese fue el histórico cassette denominado ‘Volúmen 1’ -grabado en el estudio de Yeral Paz- salido a la luz en el invierno de 1985.


Zcuela Cerrada

LUEGO vendría el disco long-play de Leuzemia editado por El Virrey, donde me cupo ser el enlace entre la banda y el Gerente de la disquera Wieland Kafka, a quien yo conocía por mi trabajo periodístico en el semanario OIGA. Le hablé a Kafka del grupo y él me respondió diciéndome ah, esos son los que escupen al público (había sabido del especial televisivo de Delia Ackerman en canal 9 de Lima y su escándalo consiguiente) pero yo –dándole por su lado de empresario- le contesté bueno, tú sabes que lo prohibido vende, no?. Kafka se hizo el loco y al final –en la puerta de su oficina- me dijo: A ver, traéme un demo de tus patas. Reuní a los cuatro leusémicos en el jardín interior de mi jato en Villacampa y ellos –por unanimidad- decidieron pasarme el demo. Para la primera sesión de grabación yo mismo los llevé en mi auto y finalmente el disco salió en diciembre de 1985.



YA PARA el verano de 1986 el rock subterráneo era un fenómeno en vías de masificación. Muchas bandas brotaron a lo largo y lo ancho de la gran Lima e incluso de provincias. La prueba más contundente fue la edición del llamado Volúmen 2 con la participación de 13 grupos: Yndeseables, Flema, Pánico, Eructo Maldonado, SDM, Eutanasia, Conflicto social, Delirios Krónicos, Exodo, Radicales, Frente Negro y Excomulgados. Esta fue la primera gran floración subte, después de las cinco bandas fundadoras. Pronto surgirían Psicósis, Luxuria, Kaos, Juventud La Caigua, Salón Dada, Argot, La Resistencia, Escombro, Se busca, Feudales, Sinkura, Cardenales, TBC , María T-ta y Empujón Brutal. Y un largo etcétera. Incluso en el invierno de 1986 nuevas bandas –como Voz Propia, por ejemplo- se reclamaban pertenecientes a una línea específica –dentro de la Movida- autodenominándose post-subterráneos o suburbanos. Hacia 1987-88 aparecen más conjuntos: Sor Obscena, La banda del Kadalzo, Crimentales, Virgen Sideral, Derrame Cerebral, Lima 13 –hasta donde esta memoria alcanza- y así culminó la década de 1980.



El rock subterráneo fue la expresión más pura del descontento que abrasaba el corazón de miles de jóvenes en el Perú de los 80s. Atrapados entre la guerra popular del Partido Comunista-Sendero Luminoso y la guerra sucia del Ejército, aquella fue una generación desolada, crecida al ritmo de la violencia cotidiana, cuya sensibilidad fluyó a través de un rock and roll directo, fuerte, conciente de lo que sucedía a su alrededor. Herederos del punk internacional los subtes de Lima crearon su propio canto de rebeldía contra un orden con el que no estaban de acuerdo. Sus líricas expresan frustración y rabia, pero también la secreta esperanza de la posibilidad de una sociedad mejor, más justa y auténticamente democrática. Varios de estos muchachos cayeron en la lucha, algunos al plegarse a la lucha armada como Alfredo Távara Reátegui –de Seres Van- y aquel joven transparente conocido por Beni Gil. Otros sucumbieron en la marginalidad como Saúl Cabrera, el Omiso, subte de la primera hora o el caso de Edwin Zcuela –líder de Zcuela Crrada- acosado por la falta de medios para un tratamiento clínico adecuado. Porque el Perú es muchas veces injusto e insensible con sus mejores mentes. Edwin Zcuela fue un joven brillante y visionario, que tuvo que terminar sus días prácticamente abandonado en un hospital sin recursos. A su modo, por su orgullosa resistencia frente al sistema hasta el final, fue un héroe del rock subterráneo. Por eso hemos querido terminar esta nota rindiéndole un nítido homenaje. Hasta la victoria siempre, Edwin.
Escribe: Roger Santiváñez / Collingswood, New Jersey, junto al río Cooper.

extraído de: http://www.esquina.com.pe/2011/02/testimonio-origenes-del-rock.html#more

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Re: El rock subterráneo según Roger Santiváñez

Mensaje por UnderRock el Jue 04 Jul 2013, 7:08 pm

FUENTE:
http://rocanrol.pe/notas.detalle.php?id=16

En la página "Rocanrol.pe", hace ya buen tiempo, se publicó un artículo titulado: " KILOWATT Y SUS CUCHILLOS: LEYENDA DEL ROCK PERUANO, el mismo que publicamos en el foro...

*Por Róger Santiváñez (poeta del Movimiento Kloaka, hoy residente en USA).


Corrían los últimos meses de 1982. Se acababa de fundar el Movimiento Kloaka . yo vivía en el Rímac y algunas tardes me visitaba un joven estudiante del colegio Ricardo Bentín -David Pillman- a quien había conocido poco tiempo antes, en una muestra de Arte Joven titulada “Propuesta II”, sita en el Museo de Arte Italiano y gracias a la mediación del recordado crítico Hugo Salazar del Alcázar.

Como Pillman moraba en la populosa Av. Pizarro, muy cerca de mi casa en la Urb. Villacampa, llegaba a verme casi a diario para tratar temas de poesía, pintura y rock. Gustaba hacerse llamar mi “mi discípulo aventajado” y frecuentó las reuniones de Kloaka en el restaurant Wony , junto a otro chico del Bentín –Miguel Valladolid- con quien estuvo a punto de lanzar “Kloaka-Escolar”; pero el tiempo los ganó: terminaron las clases y todo quedó en un hermoso deseo.

 Sin embargo Pillman, en los últimos días del año, se dio la maña para organizar una reunión fundamental (ahora lo comprendo así) en una especie de garaje o desván de su propiedad, al lado de la casa paterna. Allí me presentó a 2 muchachos inquietos y muy interesados en el asunto cultural. Ellos eran Ricardo Montañez y Edgar Barraza, quienes vivían también en las cercanías del barrio, Pillman ya les había hablado de mí y del Movimiento Kloaka.



Les expuse detalladamente la nueva propuesta y mi deseo de romper fuegos muy pronto con un Recital-Concierto-Exposición en el Bar La Catedral de la Plaza Unión (donde se sitúa la novela de MVLL).
Todo esto entusiasmó a los dos jóvenes. Ricardo Montañez cogió la guitarra y se puso a tocar temas de rock clásico, asegurándome que tenía un hermano quien tocaba mil veces mejor que él. Edgar Barraza me habló de un grupo en el cual cantaba, “Kola Rock”, compuesto por chicos de Comas. Y afirmó: “Increíble. Algo bien grande va a empezar muy pronto”. Edgar Barraza no era todavía “Kilowatt”, pero ya era ese talentoso joven que sabía cantar el rock como nadie lo ha hecho en el Perú. Esto, sumado a un honesto interés por el arte, la cultura y la política, hacían de él una de las personalidades más atractivas de una escena que –a la sazón- podríamos denominar pre-subterránea.

Y es que Barraza, los hermanos Montañez y otros patas del Rímac (como Carlos Oliva, que después sería uno de los fundadores de “Neón”) formaban una especie de célula rock, cuya propuesta central era la fundación de una nueva hora para dicha tendencia musical en el Perú.

 Se buscaba acabar con el imperante canto inglés. Había que cantar en nuestro idioma, hablar de problemas concretos y asumir una cierta ideología popular y cuestionadora del orden establecido.

En ese momento todavía no habían salido a la luz pública “Leuzemia” ni “Narcosis”. Pero ya existía esta movida proto-subterránea en la que estaban grupos como “Temporal”, “Soljani”, “Cimiento”, “Madrigal”, “Seres Van” entre otros.

Justo es recordar que Edgar Barraza, ya bautizado “Kilowatt” por Leo Escoria debido a su eléctrica figura similar al logo de la Energía, fue un enlace fundamental con la ola del rock subterráneo: Kilowatt ensayó y estuvo a punto de ser cantante de “Leuzemia”. Recuerdo que me visitaba llevándome las letras mecanografiadas del entonces nuevo grupo y me hablaba entusiasmado con la expectativa de lo que significaba algo así. Kilo no llegó a debutar con “Leuzemia”, pero sí me llevó a conocerlos en diciembre de 1983, al concierto que hubo en la Escuela de Bellas Artes. Y a partir de allí fue uno de los activistas más entregados a la causa del rock subterráneo.

Retomo el hilo de la historia: El Movimiento Kloaka estrenó su vida pública el 11 de febrero de 1983 en la Catedral, con lecturas de los noveles Domingo de Ramos, Edián Novoa, Guillermo Gutiérrez, Mary Soto, Mariela Dreyfus, Pepe Velarde, Dalmacia Ruiz Rosas entre otros invitados, exposición de Polanco y tocada de “Durazno Sangrando”, y de un grupo ad-hoc formado en el instante por Toño Arias (batería), Raúl Montañez (guitarra) y Edgar Barraza “Kilowatt” en la voz. Todos del Rímac. Fue una noche inolvidable. Desde ese momento Kilo se constituiría en el puntal del rock -con refrescantes influencia punk- para todas la presentaciones de Kloaka . Al mismo tiempo me visitaba diariamente para escuchar buena música y leer todo tipo de poesía moderna.

 Rimbaud, Lautréamont, Artaud, Ginsberg y por supuesto Vallejo, a quien él amaba.

Para el Recital-Concierto de abril del 83 en el Auditorio Miraflores, Kilowatt hizo la versión peruana del antiguo hit de Elvis Presley “Jhonny BeGood” , llamándolo “Jhonny Huancayo”, narrando la historia de un joven huancaíno que se viene a Lima soñando ser estrella de rock; fracasa, se regresa a la sierra y se mete a las filas del Partido Comunista Sendero Luminoso. Esta canción puede escucharse en el cassette que los hermanos Montañez lanzaron poco después de su muerte acaecida en Buenos Aires a principios del 2001.



Después de Kloaka y de la primera gran ola de rock subterráneo (1985), Kilowatt se convirtió en un paradigma y un ejemplo de honestidad y pureza para muchos jóvenes que veían en él al rockero que no se vende, al artista íntegro y revolucionario. Con algunos de ellos formó la banda “Kilowatt y sus cuchillos”, dejando una herida abierta –no solo por su muerte antes de tiempo- si no palpitar perenne de compromiso con una verdad y testimonio insuperable de amor al rock.

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